Cuando los pasos se alejan, de Eduardo Rincón.

Los libros que reflejan en términos concretos y no generales la represión franquista durante la posguerra (1939-1975) llegan con cuentagotas a las librerías. Cierto es que, entre los años 1960 y 1980, algunos autores abordaron ese periodo con sumo talento. Podemos citar, por ejemplo, a mujeres como Juana Doña y Tomasa Cuevas que escribieron impresionantes testimonios vividos directamente. Y hubo, y hay, historiadores como Ricard Vinyes, Julián Casanova, Marta Núñez Díaz-Balart y Francisco Espinosa, que supieron tratar aquella tragedia en su verdadera dimensión. Es una lástima que un libro reciente como las memorias de Marcos Ana, el poeta que cumplió más de 20 años de cárcel por motivos políticos,  de elevada calidad, haya tenido escasa repercusión.

El libro del que vamos a hablar es una autobiografía: la historia de un hombre que tiene ahora 87 años. Se titula Cuando los pasos se alejan y ha sido editado por una pequeña editorial: Ediciones La Bahía.

El autor del libro, Eduardo Rincón, nació en Santander en 1924. A los 15 años, conoció, como detenido, las cárceles franquistas. La policía apareció un día de 1939 en su casa para detener a un hermano suyo republicano, y como éste no se encontraba se llevaron a Eduardo. Fue la primera prisión que conoció. Allí conoció a un muchacho que sólo tenía dos años más que él, se llamaba José Hierro y se convertiría en una especie de hermano mayor suyo, y después en un extraordinario poeta.

Rincón ha tenido una vida rica en dramáticos episodios. Su militancia en el Partido Comunista de España (PCE) le llevó, entre otras cosas, a desempeñar un importante papel en las huelgas de los mineros de Asturias en 1962, uno de los episodios más importantes del doloroso y heroico renacer del movimiento obrero en España. La detención a los 15 años fue solamente un prólogo, estuvo encerrado en otras cinco cárceles en total, la última vez en 1968. Conoció como pocos la persecución, la tortura, el exilio y el desempleo.

Ahora, Rincón acaba de publicar un libro extraordinario, su autorretrato, que se abre con un iluminador prólogo del poeta Juan Antonio González Fuentes.

Cuando los pasos se alejan es una obra fascinante. Escrita en una prosa precisa y cuidadosamente elaborada, reconstruye la tremenda verdad de una época que abarcó el final de la guerra civil hasta los años preagónicos del franquismo. Crítico de su partido, cuya miseria y grandeza conoció muy bien, Rincón nos trae el recuerdo de un tiempo que marcó con fuego la vida española para generaciones, un régimen que nació de una violencia salvaje y se extinguió manchado de sangre una vez más. Escéptico pero no cínico, Eduardo Rincón sabe dar emoción al recuerdo de sus años de militancia en los que tuvo el privilegio de conocer a hombres y mujeres excepcionales, la inmensa mayoría de cuyos nombres ha borrado el silencio culpable de la Transición.

En el libro hay retratos de gente que nunca pidió nada en compensación de su sacrificio por la libertad y la democracia, gente que, en los años en los que se empezaron a construir las libertades, se mantuvo callada y vivió la amargura de que nadie oficialmente le mostrara ni siquiera una mínima consideración. Me refiero a la responsabilidad que tienen quienes se hicieron amos y señores de la democracia. El propio Rincón fue uno de esos olvidados y es más que posible que fuera su pasión por la música la que le ha permitido no desaparecer en el anonimato como tantos hombres y tantas mujeres de su generación.

Cuando los pasos se alejan es también un libro repleto de pasión y de una medida carga emocional. En algunos momentos es de una singular dureza, como sucede cuando el autor describe la vida carcelaria o cuando rememora los hechos de los que fue testigo, en particular los momentos previos a las ejecuciones. […]

Hay en el un momento especialmente emotivo y es el recuerdo de uno de los hombres más extraordinarios, víctima de la represión franquista: Manuel de la Escalera, de familia santanderina como Rincón. Pasó 22 años en las cárceles de Franco y dejó una obra literaria de primer orden que no ha interesado, al menos hasta ahora, a ningún editor español. La única de sus obras que vió la luz fue publicada por una editorial de prestigio pero del otro lado del Atlántico, la mexicana Era. Se trata de sus memorias de condenado a muerte en la prisión de Alcalá de Henares, un libro estremecedor, titulado: Muerte después de Reyes. El único homenaje que se le hizo a ese hombre excepcional fue “post mortem”, se celebró el 9 de junio de 1994 en los locales de la SGAE en Madrid y su convocatoria fue firmada entre otros por Jesús Aguirre, Marcos Ana, Manolo Arroyo, Juan Antonio Bardem, Antonio Buero Vallejo, Rafael Conte, Manolo Gutierrez Aragón y Laura Olmo.[…]

Libros como Cuando los pasos se alejan deberían servir para hacer reflexionar. Durante demasiados años hemos vivido en un silencio casi total que arrastró tras de sí lo que las nuevas generaciones debían de haber aprendido acerca de la miseria franquista y su utilización incansable del terror.

No ha sido así porque se creyó que hacerlo desencadenaría de nuevo a la fiera acechante. El paso de los años ha demostrado que la abolición de la memoria ha sido un tremendo error porque quienes detestan la idea de libertad han sabido manipular el pasado, taparlo  y luego convertirlo en un instrumento de lucha contra la democracia. […]

Por Javier Alfaya, Le Monde Diplomatique, Diciembre 2011.

Esta entrada fue publicada en libros. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s