Caléndulas (2ª parte) y otras sorpresas

Sique el buen tiempo y como se va la luz tan pronto tengo necesidad de recibir más rallos de sol, es una buena práctica para evitar la astenia otoñal o depresión. Esta tarde he vuelto a salir y he ido al huerto del Tío Manolo para ver que me encontraba. Hace ya un tiempo que tenía que ir a recoger las herramientas que nos dejamos en verano, y yo tenía curiosidad por saber si las chirivías que planté antes del verano todavía existían. Pues quiero hacer una sopa de chirivía para el menú de nochevieja y antes necesito practicar.

La primera sorpresa ha sido encontrarme a unas supervivientes natas, las caléndulas!

Ahí estaban, desafiando al frío y al otoño, dando un toque de alegría a la capa de verde que recubre todo el huerto. Junto a ellas la barraca de los tomates, en clara decadencia, ya no es su tiempo, entre las labores de esta temporada está el desmontarla y guardar las cañas para el próximo año.

De las tres matas que planté junto a los tomates yo he podido ver sólo dos, la primera con unas bonitas flores naranjas y la segunda, con algún capullo, pero sin flores en este momento.

Sigo buscando restos de lo plantado, no encuentro el poleo, ni la albahaca, y las fresas parecen estar, pero hay tal maraña que lo dejo, no me preocupa, también sé que suelen sobrevivir al invierno. De las otras matas que planté donde las fresas también están vivas, hay un par por lo menos, esta vez de color amarillo.

Sigo mirando entre los trozos que recuerdo que había hortalizas plantadas y no encuentro ni acelgas, ni espinacas, no me hubiera extrañado encontrar, pero hay demasiada advenediza y estoy muy impaciente por encontrar los restos de las chirivías. Es difícil reconocer el huerto de estar todo plantado a no estarlo, las chirivías estaban junto a las patatas, cuando acababan éstas, ahora no hay ni rastro de las patatas y a saber donde planté las chirivías, así que hay que suponer que están en este último caballón y con el rastrillo cavar al azar…. bingo!

La naturaleza es maravillosa, qué poco le das tú, y cuánto te devuelve. He empezado a cavar y ahí estaban, una junto a otra, algunas muy grades, otras más pequeñas, con ese olor tan característico de la chirivía y que a mi tanto me gusta. No sé muy bien cómo se hacer para sacarlas, yo cavo pero con cuidado de no cortarlas con el filo del rastrillo, me aparecen muchas lombrices de tierra, tampoco quiero dañarlas, me ayudo de las manos para sacarlas, empujo hacia atrás y hacia delante, hago como si la desenroscara, van saliendo. Me acuerdo de mi película favorita “Lo que el viento se llevó” y de la famosa escena en la que Scarlett escarba en la tierra para sacar un tubérculo, que quién sabe,

podría ser una chirivía, y dice aquello de: a dios pongo por testigo… que nunca volveré a pasar hambre. Y entonces suena esa música tan bonita de la película y se queda ella como en sombra y el cielo detrás en rojo sangre.

Por fín tengo un buen manojo de chirivía y paro porque ya se ha ocultado el sol por detrás de las montañas y dentro de poco empezará a hacer frío. Mañana haré la sopa de chirivía con mi propia cosecha.

Espero que haya una tercera parte de esta serie de posts, el día que me decida a hacer alguna crema o ungüento con las caléndulas. Hasta entonces…

Enlace a la primera parte de caléndulas:

https://delossosojoslorando.wordpress.com/2011/06/06/calendulas-1%C2%AA-parte/

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