EL HORROR DE MONSANTO

Monsanto se ha convertido en la multinacional líder de los organismos geneticamente modificados (OGM), así como en una de las compañías más polémicas de la industria mundial. Desde su fundación (Saint Louis, Missouri, EEUU, 1901) ha ido acumulando infinidad de procesos penales debido a la toxicidad de sus productos, aunque hoy se presente como una empresa de “ciencias de la vida”, reconvertida a las virtudes del desarrollo sostenible. 

Tres años ha tardado Marie-Monique Robin en descubrir las aristas de este gigante de los transgénicos: tres años de viajes, entrevistas y documentos. El resultado es inquietante. Nos encontramos con un libro esencial para entender cómo opera esta corporación (17.500 empleados, presencia en más de 46 países y principal productor de semillas del mundo) y cómo ha conseguido, con la complicidad de gobiernos y legislaciones permisivas, dominar el mercado mundial de la alimentación. Biografía de una industria, radiografía de un sistema de acumulación y explotación de recursos naturales y personas, El Mundo Según Monsanto es un ejercicio crítico que muestra, de forma clara y comprensible, el rostro más atroz y peligroso del progreso global.

Aunque por mi vinculación con Greenpeace ya conocía a Monsanto y sus actividades, leyendome el libro ha sido un malestar continuo. Primero con los PCB, derivados químicos del petroleo mezclados con cloro, que han contaminado todo el planeta, hasta en el ártico se encuentran osos polares con PCB en su sangre! Con las dioxinas procedentes de sus residuos industriales ha pasado igual, aunque aquí no son sólo ellos los culpables, hay muchas más empresas. La dioxina es una sustancia tóxica producida durante el proceso de fabricación de algunos compuestos químicos clorados o durante su combustión a alta temperatura. Si nos hicieramos un análisis cualquiera de nosotros, encontraríamos dioxinas y pcb’s en nuestra sangre o nuestros tejidos grasos, sin excepción.
La dioxina también resulta de la fabricación de herbicidas, el siguiente producto al que se dedica Monsanto, durante la primera guerra mundial se enriquecieron vendiendo productos químicos para la fabricación de explosivos y gas de combate, luego vendría el DDT en la segunda guerra mundial, el agente naranja en Vietnam, la hormona de crecimiento bovino, que hace aumentar la producción de leche en las vacas, a costa de unas ubres mostruosas en los pobres animales, mastitis (infecciones que había que curar con antibióticos que acababan en la leche), problemas en la reproducción, incluso adicción de las vacas a este producto que se les inyectaba. Por fín el famoso Roundup, el herbicida estrella de la compañía por muchos años, más tóxico de lo que ellos informan, y a consecuencia de éste se dará el desarrollo de los transgénicos, que no aumentan la calidad, o las propiedades nutritivas de los productos, los transgénicos que ellos fabrican simplemente están dotados de un gen que les hace resistentes al Roundup, por lo que los agricultores pueden rociar este herbicida en sus cosechas sin matar las plantas transgénica, sí todo lo demás, incluso a los vecinos que pasen accidentalmente por ahí. Hay muchos problemas derivados de la utilización de plantas transgénicas, pero el principal que veo yo, el que más me preocupa, es el de la contaminación genética, el polen de las plantas transgénicas se está mezclando con las no transgénicas y puede que llegue un momento en el que todo esté contaminado. Por ejemplo, en Canada, los agricultores de colza biológica se han dado por vencidos porque ya está toda contaminada. La contaminación del maiz transgénico ha llegado a México, donde está prohibido plantarlo, pero el polén y las semillas no saben de fronteras humanas. Además que la biotecnología, aunque se las da de superavanzados son muy chapuceros, para insertar un trozo de adn en una célula utilizan el cañon de genes, con el que bombardean la célula “a groso modo” y el trozo de adn se puede insertar en cualquier parte de la célula, siendo un método muy inexacto para poder fiarnos de él.

Pero lo que más me alucina, es la energía, el trabajo y el dinero que está ocupando Monsanto en hacer “el mal”, es como el personaje del Doctor No, de las películas de James Bond, su función es hacer el mal en el mundo, y siempre le salen las cosas mal. Pues a Monsanto parecido, se gasta un montón de dinero en litigios, abogados, indemizaciones, comprar a científicos, políticos… ¿no sería más fácil hacer buenos productos? productos que no hicieran daño a la gente? Si todos sus esfuerzos los dedicaran a la producción ecológica no tendrían tantos problemas, digo yo. Es que al final me resultaba ya poco creible que existiera una empresa así, si hacen una serie de ellos tipo los colby o falcon crest, diríamos que los guionistas se han pasao.
A todo esto, sabeis que somos el único país de la unión europea que tiene cultivos de transgénicos? Están todos en Aragón y Cataluña, pero se ha dado ya algún caso de contaminación genética, como en el caso de la empresa de cereales ecológicos Rincón del Segura (leer más), en Albacete.
Sabeis que aunque en Europa (no así en EEUU) está obligado el etiquetar cuando un alimento lleva un ingrediente de origen transgénico, no es obligatorio avisar de que la carne que comemos viene de ganado alimentado con piensos transgénicos?
Para más información:
Guia Roja y Verde de los productos transgénicos
Proyecto de ley de seguridad alimentaria

 

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