Más de 1.500 profesores universitarios de toda España han presentado un manifiesto frente a la crisis.

MANIFIESTO

¿Vamos a permanecer callados?

Ninguna persona debería permanecer en silencio cuando los poderes
financieros se empeñan en recortar derechos sociales imponiendo medidas
claramente injustas a los gobiernos elegidos por la ciudadanía.

Pero creemos que mucho menos debemos callar los profesores
universitarios y por ello suscribimos la presente DECLARACIÓN que
responde a un compromiso con la justicia que entendemos debería ser
consustancial con nuestra tarea intelectual. Un compromiso que ahora nos
lleva a denunciar unas medidas que se quieren hacer pasar por buenas e
inevitables pero que sabemos que además de responder solamente a los
intereses de los poderosos van a ser ineficaces para hacer frente a la
crisis.

Declaración de profesores universitarios frente a la crisis

Los profesores y profesoras universitarios que firmamos esta declaración
lo hacemos porque tenemos la convicción de que la interpretación que se
hace de la crisis y las medidas que se están tomando ante la grave
situación que estamos viviendo no son las adecuadas para hacerle frente
respetando principios elementales de la democracia y la justicia social.

Queremos que la ciudadanía entienda que esta crisis no es simplemente un
hecho circunstancial, sino la expresión de un modo de vida y de
organización de todo el sistema social y económico que es material y
humanamente insostenible.

La crisis la ha provocado un sistema financiero concebido y regulado
para que la principal fuente de beneficio de la banca y los poderes
financieros sea la especulación. Por eso será imposible salir de la
crisis como se quiere salir: sin cambiar las reglas del sistema
financiero, sin acabar con los paraísos fiscales, sin vigilar y
controlar a la bancos y dejando que sigan siendo ellos quienes impongan
el modo de funcionar de la economía mundial. No podemos consentir que la
ciudadanía que nada ha tenido que ver pague los platos rotos por los
bancos.

La crisis ha tenido un efecto especialmente grave en nuestro país porque
los gobiernos consolidaron en los últimos años un modelo económico
basado en la construcción, en la explotación masiva e irracional de los
recursos naturales y en la desigualdad y muy dependiente de los
designios de las grandes corporaciones y burocracias europeas. No
podremos salir de la crisis si se sigue incentivando el mismo tipo de
actividad económica.

También estamos comprobando que la crisis hace evidente la fragilidad de
nuestra democracia porque en lugar de la deliberación predomina la
imposición y porque los poderes financieros y económicos se imponen
continuamente a las instituciones representativas. Ceder a la extorsión
de "los mercados" es debilitar aún más la democracia y así solo
se saldrá de la crisis con menos bienestar y justicia.

Se quiere hacer creer a la ciudadanía que las medidas que se están
adoptando son las únicas posibles pero la experiencia de otros países
nos permite afirmar que eso no es verdad y que cuando se adoptan solo
conducen, como acaba de decir el premio Nobel de Economía Joseph
Stiglitz, "al desastre". Sabemos, por el contrario, que hay otras
salidas a la crisis mucho más eficaces y favorables para el bienestar.

El conocimiento de lo que está ocurriendo y el sentido común nos dicen
que lo primero y principal es devolver el crédito a empresas y familias y
que para ello es necesario que el Estado disponga de fuentes seguras de
financiación. Es inmoral e inaceptable que el dinero que los poderes
públicos dan a los bancos al 1% para que financien a la economía solo lo
utilicen para comprar deuda pública al 5 o incluso al 10% o para seguir
especulando. Por eso defendemos la banca pública que la crisis ha
demostrado que es más necesaria que nunca.

Sabemos que la reforma laboral que se prepara solo con el propósito
principal de debilitar el poder de negociación de los trabajadores no es
lo que se necesita para crear empleo. Tratar de salir de la crisis
reduciendo los salarios y las rentas de la mayoría de la población es
como querer salir del hoyo tirándose de los pelos. Son esas rentas
quienes mantienen el gasto que permite que la economía se mantenga en
pie, de modo que reducirlas para aumentar los beneficios de los bancos y
las grandes empresas (que en el primer trimestre de 2010 han aumentado
un 25%) es la antesala de una larga y dolorosa depresión económica.

Sabemos que los recortes de gasto público que se proponen no son los más
eficaces ni los más justos y que, en todo caso, hay otros que se
podrían haber recortado primero, como los militares. Y sabemos que
existen otros mecanismos de obtención de ingresos cuya carga no recae
sobre los más desfavorecidos sino sobre aquellos que provocaron la
crisis, o sobre los que disfrutan de ingresos o riqueza muy superiores a
la mayoría de la población.

Quienes conocemos cómo funciona esta sociedad, la historia y la
naturaleza de los auténticos poderes que toman las decisiones somos
conscientes de la dificultad de tomar hoy día medidas diferentes a las
que proponen la patronal y los grandes financieros. Pero la experiencia
también nos enseña que cuando la ciudadanía se empodera y conoce bien lo
que pasa a su alrededor es capaz de influir y de torcer las decisiones
que le obligan a ir por los caminos que no desea transitar.

Por ello reclamamos también más debate y diálogo social para que la
ciudadanía sepa lo que pasa, para que disponga de información plural y
pueda optar y decidir con fundamento. Reclamamos, por tanto, que los
medios de comunicación públicos cumplan con la tarea a la que están
llamados y abran urgentemente debates sobre la crisis en los que no se
difundan siempre las mismas ideas de quienes detentan el poder sino las
diferentes concepciones y propuestas sobre lo que está ocurriendo y
sobre la mejor forma de hacerle frente.

Con este convencimiento, nos comprometemos a contribuir con nuestra
actividad universitaria para que la sociedad tome conciencia de que las
medidas que se están adoptando NO PERMITIRÁN RESOLVER LA CRISIS porque
solo se encaminan a facilitar que los de por sí más privilegiados
obtengan más cómodamente sus enormes beneficios. Y, sobre todo, a
aportar y difundir esas OTRAS FORMAS DE HACER FRENTE A LA CRISIS que
respetan el bienestar y la justicia y que además son mucho más eficaces
para combatir sus efectos tan negativas sobre la población más
desfavorecida.

Como muestra de este compromiso suscribimos esta declaración que haremos
pública próximamente para mostrar nuestro rechazo a las medidas que se
vienen adoptando.

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