“¡ÓJI!”, una lección griega sobre el verdadero “efecto dominó”

El año pasado estalló la crisis financiera. Sus causas y geografía son
claras. Sin embargo, los dueños e intérpretes de las sagradas
escrituras pretenden vendernos el absurdo de que la única manera de
combatir los efectos de aquel descalabro es el masivo recorte de gasto
social y del nivel de vida de la mayoría. Grecia es el paradigma
europeo de este absurdo.

¿Tiene una de las poblaciones más
pobres y gloriosamente atávicas de Europa, algo que ver con lo que se
hundió en el templo de Wall Street? La respuesta es no. En la pasividad
y la falta de medidas contra el neoliberalismo, la especulación y el
robo legal practicados por una minoría social, en el mundo, en Europa,
y, por supuesto, también en Grecia, está la clave de los actuales
males, incluidos los del euro, pero los politicastros europeos que
lidian con este desbarajuste, ya han encontrado la respuesta a la
pregunta, ¿quién pagará la crisis? Los griegos son los primeros en
pasar por caja.

Los sacerdotes les dicen que para salir de la
crisis deben recortar drásticamente sus menguados ingresos y maltrechos
derechos, incluido el derecho al trabajo del que el 25% de ellos ya
están excluidos. En ausencia de medidas convincentes contra la
especulación y las demás causas de la crisis, este trato es
inaceptable. Grecia ha respondido "Óji" (No) a este agravio y ha
mantenido hoy una gran protesta.

Grecia es un país
"defectuoso" en el concierto europeo. Los movimientos sociales y los
sindicatos son fuertes allá y la gente, menos moderna, no necesita leer
el "Financial Times" para sacar conclusiones sobre su economía.

Los defectos de Grecia tienen cierta tradición. En 1940 los griegos
dijeron "Óji" al ultimátum de Hitler y Mussolini y dieron un ejemplo de
dignidad a Europa. Los griegos de Chipre escribieron también páginas
notables de la historia reciente europea, al oponerse al colonialismo
inglés y la agresión turca propiciada por aquel, lo que les costó la
división de su isla que aun perdura. Grecia es el único país que no
permite hoy a Estados Unidos abastecer de armas a Israel desde sus
puertos. Se opone así modestamente a contribuir a la bíblica "guerra de
los sesenta años" contra Palestina, que es, a la vez, uno de los
principales revulsivos de terrorismo global, y la principal causa de la
locura de Israel contra sí mismo.

Si la factura destinada a
que la gente corriente, la mayoría social que no especula en bolsa y
vive de su trabajo, se abre paso en Grecia, la jugada se repetirá luego
en otros escenarios europeos. Ese es el único "efecto dominó" que
importa a la Europa social y de los ciudadanos. Y esa es la única
Europa que merece la pena. La otra, la de la especulación, la falta de
principios, la de la "guerra de civilizaciones" y el intervencionismo
militar imperial, se la regalamos. No es la nuestra.

Rafael Poch – La Vaguardia

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