La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla

Nos dijeron que la economía estaba en crisis debido al alto precio
del petróleo, que estaba encareciendo la mayoría de la producción. Dos
meses después, la crisis era porque éste había bajado su precio a la
mitad. Contaban que la economía iba bien cuando el precio de la
vivienda estaba a tales niveles que ningún joven podía acceder a ella
y, en cambio, se contabilizaban tres millones de casas vacías en
España. Incluso nos hacían felices porque los que teníamos vivienda
ahora éramos ricos debido a la subida de los precios, pero en realidad
lo que pasaba era que nuestros hijos no podían comprarse una. Nos
inquietaban con el peligro de que explotara la burbuja inmobiliaria, lo
cual provocaría la caída de los precios, a pesar de que ésa hubiera
sido la única forma de que algunos pudiesen comprar una casa. Durante
toda nuestra vida habíamos pensado que un signo de mala situación
económica era que subieran los precios de los productos esenciales,
pero ahora dicen que con la crisis bajarán y eso es todavía peor. Hace
diez años recomendaban que contratásemos un plan de pensiones privado,
porque el sistema público no estaría en condiciones de garantizar el
pago de nuestra jubilación, y ha resultado que ha sido el sistema
público el que ha tenido que rescatar al privado de la bancarrota.

En nuestra sociedad, los “expertos” en economía vienen a ser como los
brujos de las tribus primitivas, que advertían de una terrible sequía
dos semanas antes de que el poblado se inundara por lluvias
torrenciales y, a pesar de eso, seguían considerándolos como adivinos
sagrados cuando dejaba de llover.
Muchos hemos llegado a la conclusión de que en este siglo XXI leer
buenos –y honrados– libros de economía es tan importante como leer los
de supervivencia si se va a una isla desierta. Por eso yo leo a Juan
Torres, para sobrevivir en esta edad moderna. De manera que llega un
catedrático de Economía como él y nos dice que lo que argumentaban los
grandes gurús de la economía mediante sofisticadas matemáticas era “una
estupidez sin fundamento científico alguno, pero se divulgaba para que
los multimillonarios puedan seguir jugando al casino”.

Todo lo que está sucediendo ahora lo advirtió hace cuatro años Juan Torres López en su libro Toma el dinero y corre. La globalización neoliberal del dinero y las finanzas
(Icaria), pero él no gozaba del reconocimiento de “brujo de la tribu”
que dan los grandes medios y las instituciones financieras, porque
decía lo que a ellos no les interesaba. Y lo silenciaron. […]

Este libro de economía incluye algo que los economistas del poder ya
nunca nos recuerdan: la humanidad. La humanidad necesaria para tener en
cuenta a quienes pasan hambre o no tienen un trabajo para sobrevivir.
Esos economistas quieren hacer con la economía lo que han hecho con el
periodismo: que con su neutralidad y asepsia mantenga la equidistancia
entre nazis y víctimas del campo de concentración o que guarde el
equilibrio informativo entre el “terrorista” palestino de Gaza –que a
fin de cuentas tenía sólo cinco años– y el “defensor” de Israel que
bombardeaba colegios desde un F-16.

El trabajo de Juan Torres y Alberto Garzón no termina dando recetas
económicas milagrosas, porque sólo hay dos y son bien conocidas: la
primera es subvertir la inmoralidad dominante para sustituirla por la
ética y la decencia; la segunda, levantar la voz para amotinarse contra
los miserables que nos han traído hasta aquí. Los autores tampoco
evitan señalar a los responsables últimos del desastre: los gobiernos,
los bancos centrales y los grandes organismos internacionales que, con
su pasividad, permitieron esta situación, puesto que establecieron las
normas y las reglas del juego para el saqueo y el crimen de los bancos.
Esto ha sido posible porque los dueños del dinero habían tomado de
antemano el control de la política.

Llevábamos años escuchando que no había dinero para luchar contra el
hambre en el mundo, para asistir a los enfermos de sida o para
garantizar cuidados sanitarios a toda la población mundial y, de la
noche a la mañana, aparecen billones para salvar a los bancos. Este
libro nos da las claves de la artimaña y la estafa. Estamos ante un
golpe de Estado. O salimos a la calle o se instalarán definitivamente
en el poder.

Pascual Serrano

Febrero de 2009

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